Poemas de Federico Garcia Lorca.

APUNTE PARA UNA ODA

Desnuda soledad sin gesto ni palabra,
transparente en el huerto, y untosa por el monte;
soledad silenciosa sin olor ni veleta,
que pesa en los remansos, siempre dormida y sola.
Soledad de lo alto, toda frente y luceros,
como una gran cabeza cortada y palidísima;
redonda soledad que nos deja en las manos
unos lirios suaves de pensativa escarcha.

En la curva del río te esperé largas horas,
limpio ya de arabescos y de ritmos fugaces.
Tu jardín de violetas nacía sobre el viento
y allí temblabas sola, queri´endote a ti misma.

Yo te he visto cortar el limón de la tarde,
para teñir tus manos dormidas de amarillo,
y en momentos de dulce música de mi vida
te he visto en los rincones, enlutada y pequeña,
pero lejana siempre, vieja y recién nacida.
Inmensa giraluna de fósforo y de plata,
pero lejana siempre, tendida, inaccesible
a la flauta que anhela clavar tu carne obscura.

Mi alma, como una yedra de luz y verde escarcha,
por el muro del día sube lenta a buscarte;
caracoles de plata las estrellas me envuelven,
pero nunca mis dedos hallarán tu perfume.

Sombra, mujer y niño, sirena, lejanía.
Ciso llora en la ruina y Baco en el racimo.
Yo nací para ti, soledad de lo alto;
cuelga una trenza tuya, hasta muro de fuego.

La fuente, la campana y la risa del chopo
cambio por tu frescura continua y delirante,
y el cuerpo de mi niña con la fronda del alba
por tu cuerpo sin carne y tus mimbres inmóviles.

1924
3 de julio.

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